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  • María buscaba su sonrisa cada día, al despertarse indagaba entre los cajones de su mente para hallar algún  motivo que le hiciera sonreír, acercarse a su sueño, imaginar que aquel día seria especial.

    Levantarse de esa forma la entretenía y a su vez la convertía en alguien alegre, positiva, vital. Aquella inocencia que tenia desde la niñez era la que la acompañaba en cada despertar con la ilusión del nuevo día. María salia a la calle dichosa, con el entusiasmo en sus bolsillos y el coraje en su mirada. Cuando llegaba al trabajo sus compañeros más cercanos la saludaban vehementemente y cada mañana el protocolo se repetía. Ellos reconocían en ella algo especial, quizás fuese su sonrisa o el brillo de su mirada o sus pasos firmes y su habilidad para no meterse en debates ajenos, porque su mundo ya contenía lo que necesitaba, porque valoraba todo aquello que había conseguido con esfuerzo desde que finalizaron sus años de estudio. En su empresa desempeñaba una función sencilla que no estaba a la altura de sus capacidades, pero ella continuaba sonriendo porque sabia que aquel trabajo le acercaba a su sueño, aquello le permitía seguir experimentando, aprendiendo y evolucionando. María agradecía a sus compañeros su compañía, eran parte del viaje hacia la Ítaca de sus deseos, de sus proyectos vitales. Ellos compartían con interés aquello que ella necesitaba aprender y sus puntos de vista la expandían. María nunca sintió el estres de lo urgente, porque tenia el don de la serenidad, todo lo completaba con determinación y soltura.

    Hasta que un día su destino decidió llevarla a otro lugar, su escritorio vacío y la sala gris silenciosa con el aire enrarecido, confirmaba la predicción, María había sido reconocida por una empresa que colmaba sus anhelos. Ella no había dudado ni por un segundo que el viaje por su camino de felicidad continuaba en otro lugar, con otras personas, con otras miradas, pero con la misma energía que la sostenía cada mañana cuando se despertaba y en su mente encontraba alguna razón para ser feliz.

    María se encuentra en cada uno de nosotros, mujer y hombre. María necesita ser descubierta, encontrada y puesta al servicio de nuestra vida por y para el bien común. María es aquella voz que nos inspira, la que nos dice que sí, que podemos. María es el lenguaje propio que nos impulsa, que nos conecta de forma intuitiva con lo que nos conviene. María es la mano que te levanta y la sonrisa que te enamora, la voz callada de las tristezas y la voz alzada de nuestra felicidad.

    María ni es hombre ni es mujer, es un estado de plenitud que quiere ser parte de ti, en tu fuerza y en tu poder, en tu alegría y en tu inocencia, en tu suma y no en tu resta, porque María es de todos si nos atrevemos a contemplarla.

     

    Con afecto a todas las mujeres que hacen de este mundo un lugar maravilloso para el que vivir.

     

    Iris Perez Ortigosa

    Deporte y Comunicación

    644.433.738 correoiris@outlook.com

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